La protesta social, invisible o criminal

por mklippa

En mi anterior entrada ya hablaba de cómo se había intentado invisibilizar las Marchas por la Dignidad y de cómo ciertos sectores habían intentado criminalizarla. Días después de estas marchas hay muchos elementos que analizar al respecto. El primero es la actitud servil para con el régimen por parte de absolutamente toda la prensa escrita. Nada nuevo bajo el sol. Así, tanto El País como las demás cabeceras dieron por buenas las ridículas cifras oficiales de asistencia: 50.000 personas. Basta con ver alguna foto para darse cuenta de lo falso y tendencioso del dato. Por supuesto que las cifras que ofrecieron los organizadores también aparecen infladas, pero no es en absoluto comparable.  En el twitter de Alternativas Desde Abajo daban una cifra aproximada, pero bastante creíble, de más de 1.180.000 personas (basándose en cálculos sobre una foto aérea de la manifestación). Aunque en algunos tramos la densidad fuera algo menor de la calculada, parece probado que en la marcha había más de un millón de personas. Los organizadores dieron la cifra de 2 millones de personas, bastante hinchada. Por cada persona que había, la organización contó a dos. Pero la cifra que ofrecieron los medios no fue la de la mitad de gente que hubo. Ni siquiera la de un cuarto. La cifra oficial es del 5% de la gente que marchó el sábado por Madrid. Es decir, de cada 20 manifestantes el Gobierno, la policía y los medios contaban a uno. Es manifiestamente ridículo, un intento claro de invisibilizar y restar importancia a la que ha sido una de las mayores, si no la mayor, manifestaciones de la historia de España.

Lo siguiente son los desesperados intentos por criminalizar las marchas, sobre los que me gustaría hacer cuatro comentarios. El primero es que la policía cargó antes de las 9:00 de la noche, que era la fecha límite hasta la cual estaba autorizada la manifestación y eventos posteriores. De hecho, como en el Titanic, la banda seguía tocando mientras las fuerzas de seguridad del Estado intentaban hundir el barco. Carga injustificada e ilegal, como siempre. El segundo es la sempiterna presencia de infiltrados policiales, probada por mil y una fotos y testimonios, lo que nos lleva al siguiente planteamiento: si hubiera habido conductas violentas entre los manifestantes que hubieran forzado la intervención de los antidisturbios (que no hubo), y habiendo siempre agentes infiltrados entre los grupos más extremistas, no hay ninguna garantía de que no fueran estos propios agentes los que empezaran o incitaran al resto a empezar dichas conductas violentas. Recordemos las sonrojantes escenas de la convocatoria del 25S, en el que un grupo de encapuchados apareció de la nada con banderas sin siglas ni signos de ningún tipo para comenzar los disturbios, viendose después gente con exactamente la misma indumentaria deteniendo manifestantes o gritando “¿Que soy compañero, coño!” cuando intentaban detenerlos a ellos (lo cual demuestra, por cierto, que o bien la policía detiene aleatoria e injustificadamente o bien estos infiltrados participan activamente en los disturbios). El tercero son las declaraciones contradictorias entre los mandos de la UIP y la Delegada del Gobiernos con respecto a las pelotas de goma. Los primeros dicen que había orden de no disparar, mientras la segunda presume de que se dispararon 169. No sé si habría orden o no, pero desde luego se dispararon y, como de costumbre, de manera ilegal (la ley afirma que solo se puede disparar a las piernas, mientras que hay numerosos fotos de policías disparando a la altura de la cabeza y un manifestante herido que ha perdido un testículo por culpa de un pelotazo). La última reflexión sobre lo desesperados que están por criminalizar a los manifestantes es la aparición los últimos días de sendas fotos de supuestas armas incautadas a los “violentos” durante el 22M, asunto que se ha demostrado completamente falso.

Resumiendo, un fin de semana que ha demostrado la dignidad de muchos y lo indigno de las élites y sus perros guardianes: medios y fuerzas represivas.

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