De princesas y parias

por mklippa

Estos días nos han dejado dos noticias significativas, a mi modo de entender, de lo enfermo que está el mundo en general y nuestro país en particular. La primera concierne a lo más alto: a una infanta que ha declarado por un caso de corrupción. La segunda, a gente intentando huir de lo más bajo: 250 personas que intentaron llegar a Europa en busca de oportnidades, y que fueron recibidos con pelotazos de goma. Hubo 14 muertos. En ambas noticias hay, además, un elemento común: un supuesto “servidor público” que hace justo lo contrario de lo que se supone que debería hacer.

Empecemos por la ciudadana Cristina de Borbón, que ostenta el título nobiliaro de infanta gracias a la designación a dedo de su padre, Don Juan Carlos de Borbón, como rey por parte del dictador genocida Francisco Franco. Como ya sabemos todos, la infanta acudió a declarar en relación al caso Noos. Y como muchos suponíamos, no recordaba ni tenía constancia de absolutamente nada de lo acaecido ni de las actividades de su esposo, el exjugador de balonmano Iñaki Urdangarín. Declaraciones muy difíciles de creer, pero comprensibles, ya que es suponible que no le interesaba declarar contra sí misma ni contra su marido. Lo que es absolutamente indignante es el papel de la Fiscalía del Estado, quienes lejos de defender los intereses del pueblo sirviendo como acusación, ejerció en la práctica de defensa de la infanta. Otra muestra más de que los poderes del Estado rara vez se sitúan de parte del conjunto de la ciudadanía, de quien se supone (y recalco el “se supone”) que emana la soberanía, y se sitúan, una vez más, del lado de las clases más pudientes y los poderes fácticos en contra del interés común.

Mucho más grave me parece la segunda noticia, en la que la Guardia Civil, lejos de socorrer a los inmigrantes que llegaban a nado, les disparó pelotas de goma, según testigos. Hubo 14 personas muertas. El resto fue esperado al borde de la playa para ser recogidos y entregados a las autoridades marroquíes, hecho que podría también ser ilegal, como han denunciado varias ONGs, si hubiesen llegado a tocar tierra. Este lamentable incidente se suma a la decisión del ejecutivo de instalar cuchillas en la vaya de Melilla, esas mismas cuchillas que al señor presidente, don Mariano Rajoy, no le consta que “produzcan efectos sobre las personas”.  Y mientras nosotros cortamos y matamos a los inmigrantes que intentan llegar aquí, obligamos a su vez a cada vez más jovenes a irse fuera por las brutales tasas de paro juvenil, casi el 58%. Valiente ironía.

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