Estética democrática

Espacio de reflexiones políticas donde las críticas constructivas son bien recibidas

Mes: enero, 2014

¿Izquierda?

He empezado a leer un artículo que parecía interesante, al menos por su título: “Por una antropología progresista” y su entradilla, la cual decía: “La izquierda debe resurgir soltando lastre de su tradicionalismo doctrinal y construyendo con las clases medias una mayoría de cambio. Solo protestar y estar a la defensiva, esperando que la derecha falle, es insuficiente”.  Pese a que el artículo era de El País, que ha girado bruscamente a la derecha desde que la debacle económica del Grupo PRISA obligó a vender la mayoría de su accionarado a Liberty Acquisition Holding, tenía la esperanza de encontrarme algo mínimamente aprovechable. No he sido capaz de leerlo entero, al encontrarme con una frase que ha sido un auténtico muro: “Al embate conservador sólo supieron responder los dos últimos chicos listos de la izquierda: Bill Clinton y Blair”. ¿En serio? ¿Clinton y Blair izquierda? Hombre, si les estuvierámos comparando con Franco y Pinochet vale, pero me temo que no era ni mucho menos el caso… Lo dicho, que no he podido seguir mucho más allá.

La entradilla me había engañado cruelmente, entre otras cosas porque estoy de acuerdo con parte de lo que dice. Claro que, eso sí, yo lo pienso de la izquierda, y no de una socialdemocracia que hace años que ha abandonado esta izquierda política y se ha instalado en el centro más absoluto. Según la RAE, la acepción política del término “centro” es “Tendencia o agrupación política cuya ideología es intermedia entre la derecha y la izquierda”. ¿No es acaso eso la viva definición de los partidos socialdemócratas tradicionales en Europa? Desde el PSOE al PS francés o el SPD alemán, este tipo de partidos pasa de un lenguaje combativo y de resistencia cuando están en la oposición a la más fiel colaboración a las políticas impuestas desde la tristemente famosa “Troika” cuando pasan al poder. En Francia, Hollande se ha rendido definitivamente a los recortes, como ya hizo su homólogo ZP en nuestro país allá por 2010. En Alemania, el SPD gobierna en una gran coalición con el partido de Merkel. En Grecia, donde la situación es aún más desesperada que aquí, el PASOK se ha hundido definitivamente por el apoyo a los recortes y la austeridad que imponían desde el BCE. Un BCE que no deja de ser un representante del lobby bancario europeo, fundamentalmente alemán. ¿Desde cuándo puede considerarse a un partido que se dedica a cumplir fielmente las instrucciones de la gran banca como “de izquierdas”?

En mi anterior entrada señalaba el fracaso del llamado “socialismo real”. Hoy señalo que el fracaso de la socialdemocracia es aún más flagrante, pues prácticamente todos los partidos que dicen defender esta opción han renunciado completamente a la más mínima transformación del capitalismo, convirtiéndose en una mera versión light de los partidos neoliberales y conservadores, de los que no se separan en lo más mínimo en sus postulados económicos. Y no solo en los económicos. Así, en esta noticia de hace un lustro, al inicio de la crisis, ya se señalaba que los grupos popular y socialista votan lo mismo un 70% de las veces en el Parlamento Europeo. Me gustaría ver una estadística actualizada, pero el porcentaje tiene más pinta de haber aumentado que de haber decrecido…

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Sobre el llamado “socialismo real”

Quien haya leído mis dos últimas entradas y no me conozca bien puede haber creído, debido a mis críticas al sistema capitalista o a alguna referencia a autores como Karl Marx o Rosa Luxemburg, que soy un “bolchevique” o algún tipo de nostálgico de los sistemas que se instauraron el pasado siglo en la URSS o Europa del Este. Nada más lejos de la realidad. Si bien podría considerarme a mí mismo como un socialista o un comunista, en el sentido de que creo que no debería existir la propiedad privada de grandes medios de producción o riquezas naturales, no pienso que este tipo de sistemas fueran efectivamente comunistas ni socialistas, pese a lo que declaraba su propaganda oficial. Para mí, si me permitís la comparativa, los sistemas “socialistas” de corte leninista/estalinista que existieron a lo largo del siglo XX en varias partes del mundo son el equivalente “rojo” de lo que pudieron ser el despotismo ilustrado a la Ilustración o el imperio napoleónico al liberalismo político.

Si me permitís ahondaré un poco más en el porqué de este pensamiento. Para Karl Marx, el estado socialista es un periodo de transición a la sociedad socialista o comunista, en la que no existe ningún Estado (siendo así sus diferencias con Bakunin y otros teóricos anarquistas meramente metodológicas, que ya es bastante). Sin embargo, en los estados autodenominados como “socialistas” el Estado unipartidista era el que se ocupaba practicamente de todo, desde la economía a la política. Si bien estos estados en teoría estaban basados en instituciones democráticas, los “soviets” (consejos o asambleas de trabajadores, campesinos y soldados), en la prácticas estos soviets fueron perdiendo poder en beneficio del Partido Comunista, que a su vez se fue burocratizando cada vez más. Este tipo de sistema fue calificado como “capitalismo de Estado” por varios autores, ya que en realidad supone una continuación de las relaciones capitalistas de explotación a los trabajadores, esta vez asumiendo la burocracia del Estado y el aparato del Partido el rol de explotadores que una vez tuvieron la nobleza del Antiguo Regímen y la burguesía capitalista . Para otros autores críticos, principalmente trotskystas, estos estados no fueron sino “estados obreros burocráticamente degenerados”. Sea como fuere, este tipo de Estado parece del todo incompatible con la idea marxiana del periodo de transición entre el Estado capitalista burgués y la sociedad socialista.

“Sin elecciones generales, sin libertad de prensa, sin libertad de expresión y reunión, sin la lucha libre de opiniones, la vida en todas las instituciones públicas se extingue, se convierte en una caricatura de sí misma en la que sólo queda la burocracia como elemento activo.” Rosa Luxemburgo.

Para quien pueda pagarlo

Estos días están siendo bastante prolíficos en noticias que retratan el verdadero rostro del capitalismo salvaje. Así, si en mi anterior entrada escribía sobre la exageradamente desigual distribución de la riqueza mundial (dónde, recordemos, según un informe de Intermón Oxfam las 85 personas más ricas suman tanto como la mitad de la población mundial más desafortunada), estos días siguientes nos han dejado otras dos noticias dignas de destacar. La primera, en la que hoy me detendré someramente, es el ERE anunciado por Coca-Cola en España. Afectará a 1250 trabajadores, 400 de los cuales serán despedidos (los demás, prejubilados o recolocados). Según fuentes sindicales, la empresa obtuvo unos beneficios de 80 millones de euros. No me detendré mucho más aquí, ya que de confirmarse las cifras la noticia habla por sí sola. De todas maneras, esto es solo la punta del iceberg de todo lo que rodea a la multinacional americana, a la que sin duda dedicaré una entrada en exclusiva más adelante.

La segunda noticia, sobre la que sí me gustaría explayarme más, son las polémicas declaraciones del consejero delegado de Bayer, el señor Marijn Dekkers, que dijo que su compañía hace medicamentos “para quien pueda pagarlos”. Literalmente, dijo: “No hemos desarrollado estos medicamentos para los indios. Lo hicimos para los occidentales que pueden pagarlos”. Las declaraciones se corresponden a una denuncia de la farmaceútica alemana contra las autoridades indias, que basándose en patentes de la marca habían permitado a fabricantes locales desarrollar tratamientos de marca blanca contra el cáncer o el VIH (entre otras enfermedades) a un precio asequible, siendo los originales de Bayer hasta un 97% más caros. El directivo ofreció luego disculpas, diciendo que no es lo que quería decir…

El caso es que muchos pensamos que en realidad las grandes farmaceúticas sí que funcionan así, y no por una necesidad austera y filantrópica de ayudar al prójimo. Desde luego las primeras declaraciones del señor Dekkers suenan mucho más sinceras que sus posteriores excusas. Porque al fin y al cabo, son empresas privadas. Y las empresas privadas se constituyen para generar beneficios que repartir entre su accionarado. En este caso, el combatir enfermedades o alargar la esperanza de vida no es su función principal, sino un efecto secundario. Lo importante es generar beneficio. Lo fundamental es generar beneficio. Nadie duda de que, aunque desarrollasen la curación para el cáncer o una vacuna contra el SIDA, estos medicamentos jamás verían la luz si se demostrase que no iban a ser rentables. De hecho, ya desde hace tiempo circulan por la red rumores de que existen varios tratamientos efectivos contra el cáncer que jamás han visto la luz por este motivo. Independientemente de si es verdad o no, lo preocupante es que es creíble.

La pregunta es… ¿está bien esto? ¿Es correcto que una sanidad de calidad sea solo para quien pueda pagársela? Especialmente después de ver lo bien distribuida que está la riqueza mundial… ¿No debería ser la salud un derecho inherente al ser humano? ¿No os resulta absolutamente nauseabundo este mercadeo con la salud de las personas por el mero afán de lucro de unos pocos? Porque, desde luego, a mi me revuelve las tripas…

Desigualdad

Hace apenas un par de días, al menos dos medios nacionales (El País y RTVE, los enlaces a los artículos aquí y aquí) se hacían eco de un estudio realizado por la ONG Intermón Oxfam. Si bien las conclusiones a la que llegaba dicho estudio no son ninguna novedad (que las desigualdades entre los más ricos y el resto crecen cada día más y cómo las élites se están aprovechando de la crisis, además de para enriquecerse, para restar derechos a los ciudadanos), lo que me llamó la atención es la publicación de cifras concretas, cifras que son muy significativas. Así, el informe habla de que a nivel mundial las 85 personas más ricas del mundo suman tanto dinero como la mitad pobre del planeta: 3.570 millones de personas. Permitidme repetir esta cifra otra vez, porque es tan escalofriante que a lo mejor hay personas bienpensadas que piensan que han leído mal: 85 personas tienen tanto dinero como otras 3.570 millones. A nivel estatal, las 20 personas más ricas de España tienen tanto dinero como el 20% más pobre del país (la población actual de España, datos de 2013, es de 47.129.783 habitantes; el 20% de esa cifra son 9.425.957 personas). Repetiré también, con vuestro permiso, este dato: en España, las 20 personas más ricas tienen tanto dinero como las 9.425.957 personas más pobres. Aquí me permetiré añadir, como anexo a este dato, que España no se encuentra entre los países más desiguales del planeta. Además, el informe habla también de los paraísos fiscales, concluyendo que es probable que estas brutales diferencias (el epíteto es mío) podrían ser aún mayores (sic).

Habrá quien a estas alturas todavía pueda pensar que estas abismales diferencias son tan solo un desgraciado efecto secundario del sistema económico capitalista. Sin embargo, son muchos los críticos del capitalismo que han afirmado que, lejos de eso, es una de sus principales características, siendo los autores más importantes en tratar el tema Karl Marx y Rosa Luxemburg con sus teorías sobre la acumulación del capital. Rosa además esbozó la teoría del imperialismo como “continuación” de esta acumulación, teoría que posteriormente desarrollaría Lenin y que muchos autores marxistas han utilizado para explicar el desarrollo del nivel de vida de ciertos estratos de la clase trabajadora del “primer mundo” sin que las clases capitalistas de sus respectivos países se vieran afectadas por dicha mejora. Sea la desigualdad consustancial al mismo capitalismo (yo soy de los que se inclinan por esta opción) o sea un desagradable accidente, lo que está claro es que los datos del estudio muestran una desigualdad económica muy preocupante, terriblemente injusta y con visos de ir en aumento.

Alguno podrá preguntarse también qué alternativa propondría yo a este sistema económico. Ante esta pregunta, lo primero que tendría que aclarar es que yo no soy economista, así que quizá no soy el más indicado para resolver esta cuestión, pero desde luego puedo afirmar que cualquier sistema económico donde 85 personas no tengan tanto dinero como 3.570 millones (ni 20 tanto como 9.425.957) me parecería mejor.

“El muro de Berlín ha muerto de buena muerte, pero no alcanzó a cumplir treinta años de vida, mientras que el otro muro celebrará muy pronto sus cinco siglos de edad. El intercambio desigual, la extorsión financiera, la sangría de capitales, el monopolio de la tecnología y de la información y la alienación cultural son los ladrillos que día a día se agregan, a medida que crece el drenaje de riqueza y soberanía desde el Sur hacia el Norte del mundo” Eduardo Galeano

Radicales

Hoy, de hecho mientras escribo estas líneas, es la enésima manifestación de apoyo a las movilizaciones vecinales del barrio de Gamonal, en Burgos. No voy a detenerme a analizar ni las manifestaciones ni lo ocurrido en Gamonal, de eso tenéis análisis suficientes en medios, foros, twitter y un largo etcétera. A buen seguro, la mayoría de ellos bastante más sesudos del que pudiera ofrecer yo. En lo que me gustaría detenerme es en una sola palabra, en un solo término que aparece hasta en la sopa cada vez que hay movilizaciones de tipo social: los radicales. Yo quiero reivindicar el término radical. A mí me gustaría, desde este humilde púlpito, gritar a los cuatro vientos que yo soy un radical y estoy orgulloso de serlo.

Veamos lo que dice la RAE sobre la definición de radical:

  • 1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz.
  • 2. adj. Fundamental, de raíz.
  • 3. adj. Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático. U. t. c. s.
  • 4. adj. Extremoso, tajante, intransigente.

Hay más significados, pero ya mucho más concretos y referidos a la botánica, la química, la gramática o las matemáticas. Los significados generales son los cuatro que acabo de poner. Y resulta que, interesadamente o no (eso lo dejo al criterio de cada uno), la inmensa mayoría de las veces que en los medios se usa el término se hace solo referido a la cuarta acepción, la de extremista o intransigente. Curiosamente, la única acepción de las cuatro que tiene sinónimos en nuestra idioma. Los medios podrían hablar de manifestantes o militantes “extremistas”, pero no lo hacen. En vez de ello, usan el polisémico y por lo tanto más impreciso y menos adecuado término de “radicales” o “radical”. Como he dicho antes, yo quiero reivindicar esta palabra y su correcto uso. Radical es alguien que va a la raíz de las cosas, a la raíz del problema. Y se puede ser radical sin ser para nada extremista. Y se puede ser extremista sin ser para nada radical. Y me niego a que cada vez que se quiera criminalizar un acto, o a un colectivo, se utilice la palabra radical. Porque ser radical no tiene nada de malo, ni de criminal. Ser radical es simplemente no distraerse con las ramas y mirar directamente el bosque. Y eso, a quienes tratan constantemente de distraernos, no les gusta. ¿No pensáis que a esta sociedad le iría bastante mejor si todos fuésemos radicales, si no nos dejásemos distraer y fuéramos directamente a la raíz de nuestros problemas?

“¿Se puede realmente diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, y como medios de manipulación y adoctrinamiento?” Herbert Marcuse